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sábado, 10 de septiembre de 2011

El caso de la comunidad europea: un problema de recursos comunes

En Octubre de 2009 se anunció que el premio Nobel de Economía se había otorgado a Elinor Ostrom (en compañía de otro distinguido economista, Oliver Williamson). Su principal contribución al campo de la ciencia económica, tal como lo registraron quienes otorgaron el premio, consistió en haber retado la sabiduría convencional al demostrar que la propiedad local puede ser administrada exitosamente de una manera común, sin necesidad de regulación por parte del gobierno, y sin necesidad de privatización de los recursos.

Unos meses después, el mundo conoció que Grecia, uno de los participantes en la Unión Europea y del exclusivo club del Euro, estaba enfrentado a una profunda crisis, por las dificultades en pagar su deuda. Todavía se sienten los efectos de la crisis griega, y las amenazas por el tamaño de la deuda se han extendido a Irlanda, España, Portugal e Italia. La crisis europea ha contribuido al pesimismo que hoy aqueja a la economía mundial.

¿Tienen algo en común estos dos fenómenos? Es posible que sí. Los problemas de la Unión Europea pueden explicarse con las metodologías de “gobernanza económica”, uno de cuyos exponentes más importantes es precisamente la señora Ostrom.

Los objetivos económicos que tenían los países europeos cuando decidieron en 1992 profundizar su integración y avanzar hasta el punto de crear una moneda común eran claros: facilitar el comercio, permitir una mayor movilidad de capital y de trabajo, armonizar la política monetaria, y como consecuencia de todo ello, lograr mayores niveles de crecimiento y de bienestar para la población. Dejaron sin embargo un elemento de política económica por fuera de la unión: la política fiscal.

Este esquema de integración económica no tenía precedentes históricos. Normalmente, los países que deciden utilizar una moneda común deciden también compartir sus instituciones fiscales. ¿Qué riesgos existían? El riesgo principal está asociado a un fenómeno que normalmente se conoce como “el problema de los comunes”.

Este problema fue planteado inicialmente, no por un economista, sino por el biólogo Garret Harding en 1968 más o menos en los siguientes términos: imaginemos un pastizal abierto a todos los pastores, es decir es una propiedad común. Si bien cada pastor tiene interés en que el pastizal se mantenga, a cada uno de ellos le interesa aumentar sus propias cabezas de ganado que se alimentan en el pastizal. Enviar allí una cabeza de ganado adicional gasta el recurso común, pero como el incremento en la utilidad individual del pastor dueño de esa cabeza es mayor que la pérdida que registra por el agotamiento del recurso (porque esa pérdida se distribuye entre todos los pastores), el pastor concluye que le conviene enviar esa cabeza adicional. Piensa en los siguientes términos: "si yo no lo hago, otros lo harán, y yo saldré perdiendo". Si todos los pastores actúan de esa manera, el pastizal se agota, y todos los pastores se perjudican.

En el caso de la Unión Europea, el recurso común es la confianza. Un país puede utilizar la confianza en la fortaleza del Euro para endeudarse en los mercados internacionales a tasas de interés relativamente bajas. Pero entre más se endeuden los países, esa confianza se va agotando. El mercado termina castigando a todos los países que respaldan al euro.

Para evitar ese problema, se establecieron en un principio algunas reglas para los países que quisieran pertenecer a la zona Euro. Deberían registrar déficits fiscales o niveles de deuda pública como máximo del 3% y del 60% del PIB respectivamente. Se estableció un sistema de sanciones bastante fuertes frente a los países que incumplieran estos criterios.

El sistema comenzó a perder credibilidad, sin embargo, algunos años después de su puesta en funcionamiento. Los países más grandes, especialmente Francia y Alemania, rompieron los criterios de estabilidad, pero lograron renegociar el tratado inicial, y se ahorraron por lo tanto el costo de las multas. No hubo tampoco una adecuada supervisión. Se descubrió, un poco tarde, que Grecia había alterado sus cuentas fiscales para disminuir contablemente el tamaño de su deuda.

Ahora el problema que enfrentan los países europeos miembros del Euro consiste en que deben rescatar a aquellos países “indisciplinados”, para lograr mantener la estabilidad del euro, y también para evitar que los bancos, que tienen entre sus activos una participación importante de bonos emitidos por los países en dificultades, registren problemas de solvencia. Esta situación, obviamente, no es del gusto de los alemanes, quienes sienten que se les está obligando a financiar el excesivo gasto de los griegos, españoles, irlandeses, portugueses e italianos.

¿Y qué tiene que ver esto con Elinor Ostrom? Pues bien, su gran aporte consiste en que en determinadas circunstancias, contrario a lo que predice la teoría de los comunes, los agentes económicos pueden cooperar de una manera exitosa. Sus resultados están amparados en múltiples estudios de casos, en modelos teóricos en los cuales se aplica la teoría de juegos, así como en experimentos de laboratorio (aplicando la economía experimental).1

Las condiciones que según la señora Ostrom se necesitan para el éxito de la cooperación en la explotación de recursos comunes son las siguientes: los derechos de los participantes están claramente definidos; existen mecanismos rápidos de solución de conflictos entre ellos; se crea un sistema de vigilancia y de sanciones para el que incumpla el acuerdo, y en fin dichas sanciones son administradas por los propios usuarios o por alguien que les responda directamente a ellos. Estas sanciones son graduales: suaves en un comienzo, pero fuertes con aquel participante que reincida en su mal comportamiento. Propone además que la cooperación comience entre grupos pequeños. Estos grupos se irán ampliando paulatinamente, y cuando son grandes ya se ha generado una cultura de cumplimiento con las reglas.

Es fácil, aplicando el esquema teórico de la Señora Ostrom entender porqué ha fracasado la Unión Europea. Quienes diseñaron el sistema no incluyeron un mecanismo rápido de solución de conflictos, las sanciones perdieron credibilidad después de que Francia y Alemania lograran evadirlas y cambiar las reglas en el 2005, y no existió un sistema de vigilancia eficiente. ¿Será tarde para remediar todas estas fallas y diseñar un sistema eficiente de cooperación?

En Colombia tenemos nuestros recursos propios recursos comunes y nuestras propias maldiciones. Pensemos simplemente en los recursos de la salud, y en la manera como se están agotando, atendiendo, mediante tutelas, soluciones exclusivamente individuales, por fuera de las reglas que se habían fijado en un principio (el Plan Obligatorio de Salud). ¿Será muy tarde para pensar en soluciones de cooperación?

1-Ver por ejemplo: Ostrom E, Walker J y Gardner R. Covenants with and without a sword: self-governance is possible. American Political Science Review. Vol 86, No 2. Junio 1992.