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domingo, 24 de febrero de 2013

La enfermedad holandesa, síntomas, causas y tratamiento. ¿Cómo estamos?


Desde Diciembre de 2006 hasta la fecha el peso colombiano se ha revaluado en un 23%. En términos reales, es decir, teniendo en cuenta además de la revaluación nominal el diferencial entre la inflación colombiana y la de nuestros socios comerciales, la revaluación real ha sido del 18%, según los cálculos del Banco de la República.

Como cualquier mercancía, si la oferta crece más que la demanda, la consecuencia esperada es que haya una disminución en el precio. Por ello es conveniente examinar cuáles son las fuentes del crecimiento en la oferta de dólares que han producido la baja en su precio. 
Los dólares pueden llegar a Colombia por varias vías: por exportaciones legales, por exportaciones ilegales (especialmente narcotráfico, aun cuando no debe descartarse la presencia de exportaciones ficticias a Venezuela, estimuladas por el régimen cambiario de dicho país, tema que analizamos anteriormente),   por las remesas de los colombianos que viven en el exterior, por inversión extranjera tanto directa como de cartera que llega al país, y por endeudamiento tanto del gobierno como del sector privado. ¿Cuáles han sido las fuentes de este auge de divisas?

El  Banco de la República ha publicado  las cifras de la balanza de pagos del país hasta el mes de Septiembre del año pasado. He considerado conveniente, para este análisis, analizar las cifras entre Enero y Septiembre de cada año desde el 2006.
Si agrupamos las exportaciones de minerales (petróleo, carbón, ferroníquel y oro fundamentalmente), con la inversión extranjera neta destinada a estas actividades (neta quiere decir que le restamos los giros al extranjero de las utilidades de las compañías mineras) obtenemos la oferta de divisas originada en la minería. Esto es lo que se muestra en el siguiente gráfico (márquelo para apreciarlo mejor).

 
Mientras en los tres primeros trimestres del 2006 la oferta de divisas originada en las exportaciones actuales o futuras de minerales (la inversión extranjera equivale a una venta pagada por anticipado de los mismos) era en el neto (descontadas las utilidades giradas al exterior por las compañías extranjeras) de US$8880 millones, para el 2012 esa cifra era 3,5 veces superior: US$31700 millones.
El cuadro siguiente muestra la participación porcentual de las diferentes fuentes de la oferta de divisas. Las fuentes ligadas a la minería pasaron de representar el 33% en 2006 al 50% en el 2012. En las otras exportaciones se presentó la tendencia exactamente contraria: se redujeron del 50% al 31%.
 
Mientras las exportaciones mineras crecieron entre el 2006 y el 2012 a una tasa del 24%,  las otras exportaciones lo hicieron solo en un 7,1%. De hecho ese crecimiento solo se presentó hasta el 2008 (año de la crisis de las exportaciones a Venezuela). De ese año en adelante las  exportaciones diferentes a la minería han decrecido en un 18%.  
Están claros tanto los síntomas como las causas de la enfermedad holandesa. Se supone que la Ley Ley 1473 de 2011 (por el cual se estableció la regla fiscal en el país) formuló el tratamiento.  Se trata de que el gobierno central nacional ahorre en épocas de bonanza minero energética, y establezca un nivel de gasto consistente con el ingreso estructural (es decir, que no se gaste esos  ingresos extraordinarios).  El gobierno constituyó ya el Comité Consultivo para la Regla Fiscal, quien,  de acuerdo con la ley 1473 de 2011 deberá informar sobre la metodología y definición de los parámetros básicos requeridos para la operación de la regla fiscal, así como para pronunciarse sobre el informe de cumplimiento de la regla fiscal que el gobierno debe presentar ante las Comisiones Económicas del Congreso de la República. En otras palabras, deberá decir si el remedio contra la enfermedad holandesa está funcionando o no. Estaremos pendientes del comunicado médico.

sábado, 2 de febrero de 2013

Curiosidades sobre el Índice Big Mac



Somos un país carísimo, y sufrimos de enfermedad holandesa


Como algunos lectores de nuestro blog lo saben, uno de nuestros pasatiempos favoritos es el mirar el comportamiento periódico del Indice Big Mac para Colombia. Desde el año 2002 hemos venido haciendo seguimiento al precio de esta hamburguesa en nuestro país, para compararlo con el de Estados Unidos. Se obtiene así la “tasa implícita de paridad del poder de compra”,  que es aquella tasa de cambio peso/dólar que igualaría el precio de este producto en los dos países.

Esta comparación está basada en la teoría de la paridad del poder de compra. Según esta teoría, que data del economista sueco Gustav Cassel, de principios del siglo XX, el tipo de cambio entre las monedas de dos países debería tender a ser igual a la relación entre los niveles de precios entre los países. Para calcular los niveles de precios se debería calcular los de una canasta representativa. Si existe diferencia entre esos valores, por ejemplo, si la tasa de cambio (por ejemplo en pesos por dólares) es inferior a la relación de precios de la canasta de bienes, se está por fuera de la situación de equilibrio: es de preverse una devaluación del peso con relación al dólar.  La fuerza que lleva al equilibrio sería en este caso que las exportaciones del país cuya moneda es el peso tenderían a disminuir, puesto que son más caras en moneda extranjera, las importaciones a aumentar (son más baratas en moneda nacional), y como resultado de la disminución de la oferta y del incremento en la demanda de dólares se presentaría inevitablemente  una devaluación del peso, que se detendría en el punto de equilibrio señalado anteriormente.

Una ingeniosa aplicación de esta teoría es precisamente el Indice BigMac, que calcula desde 1986 la revista The Economist. En este caso, la canasta escogida para hacer la comparación es la hamburguesa BigMac, que tiene la característica de que sus ingredientes (salvo en el caso de la India, donde por obvias razones, no son de carne sino de pollo), y forma de preparación son estandarizados en todo el mundo.

Desde el 2002 he venido calculando la tasa implícita pesos/dólar del BigMac, dividiendo el precio en moneda nacional (se obtiene llamando por teléfono, hay que insistir que no es en presentación “combo”), por el precio en Estados Unidos. Esta sería la tasa de cambio de equilibrio. Si se compara con la tasa representativa del mercado, se puede saber si nuestra moneda está revaluada (tasa implícita superior a la TRM) o subvaluada (caso contrario). El gráfico es el siguiente:
 
Como se aprecia, a principios de la década nuestra moneda estaba subvalorada. El 11 de Febrero de 2003 la TRM llegó a su máximo histórico de $2968,88, lo que indicaba una subvaluación del 16%. A partir de allí comenzó un proceso de revaluación del peso. El valor de equilibrio se obtuvo en agosto del 2006. No obstante la revaluación continuó, con una pequeña interrupción en el 2008 motivada por la crisis mundial.

En el momento actual (31 de Enero), el peso colombiano está revaluado en un 11%. En su última edición (ver aquí),  The Economist nos muestra la situación para un grupo importante de países. Venezuela es el país en el que se presenta una mayor sobrevaloración de su moneda nacional, superior al 100%. Ello se explica porque utiliza la tasa de cambio oficial, que es notoriamente superior a la del mercado negro. Tarde o temprano Venezuela tendrá que devaluar, aun cuando es claro que la situación política dificulta la aplicación inmediata de esta medida.

Una de las críticas que se le hace a este indicador es que debería esperarse que el nivel de precios debería ser más bajo en países pobres, especialmente porque la productividad del trabajo (y por lo tanto los salarios) son más bajos. Para tener una mejor idea del valor relativo de una moneda con relación a su tendencia de equilibrio, debería ajustarse la relación de precios al valor de un indicador de riqueza relativa, como el PIB per capita. Los editores de la revista hacen precisamente eso en su última entrega (ver aquí),y nos encontramos con una desagradable sorpresa: somos subcampeones mundiales (después de Brasil) en nuestra tasa de revaluación. Ajustado por nuestra riqueza relativa (un PIB per capita de US$7100 para el año 2011), nuestra moneda estaría sobrevalorada en un 79%. Esta es la foto de la pantalla que se obtiene cuando marcamos en el mapa a Colombia (haga click sobre el gráfico, para apreciarlo mejor): 



Fuente: Revista The Economist. Edición digital, consultada el 2 de Febrero de 2013

¿Habrá necesidad de otra demostración para que entendamos que estamos sintiendo los síntomas de una verdadera “enfermedad holandesa”? Recordemos que esta enfermedad se presenta cuando el auge de divisas proveniente de la exportación de un producto primario (por ejemplo petróleo), revalúa la moneda nacional, y afecta la capacidad competitiva de los otros productos transables de origen nacional. Fue lo que presentó en Holanda a mediados de los años setenta.

Alguien argumentaría que ello es extraño, puesto que tenemos hoy un déficit en nuestra cuenta corriente de la balanza de pagos. Pero tengamos en cuenta que el auge de divisas de inversión extranjera que ha llegado para la exploración y explotación de petróleo, carbón y oro, equivale a una venta anticipada de estos minerales. Mientras entre Enero y Septiembre del año pasado (últimos datos disponibles de la Balanza de Pagos publicada por el Banco de la República) el déficit en cuenta corriente fue de US$8400 millones, los flujos de inversión extranjera fueron de US$13770 millones.

La Junta Directiva del Banco de la República anunció, después de su reunión del 28 de Enero,  que participará activamente en el mercado cambiario, pues acumulará al menos USD 3000 millones entre febrero y mayo, con compras diarias no inferiores a US$ 30 millones. Ojalá la medicina surta efecto.