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domingo, 29 de noviembre de 2009

¿Cómo va el índice Big Mac?

En entradas anteriores he venido publicando mis comentarios sobre la evolución del índice Big Mac para Colombia. Utilizando la metodología desarrollada por la revista The Economist desde 1985, se trata de comparar el precio de una hamburguesa Big Mac en el país (en pesos) con el del mismo producto en USA (en dólares). La tasa de cambio pesos por dólar así obtenida (tasa implícita) se compara con la de representativa del mercado, publicada por la Superintendencia Financiera, y a partir de allí se puede calcular si la moneda colombiana está sobrevaluada (TRM pesos por dólar, inferior a la tasa implícita), o subvaluada (caso contrario).

Entre Agosto y hoy ha pasado algo extraño. El precio de la Big Mac en Colombia subió de $7000 a $8200 (un 17%), pese a que el índice general de precios al consumidor descendió en el mismo período un 0,2%. ¿Qué llevó a la multinacional Mac Donald’s a subir en tamaño proporción los precios de este bien? (no tengo claro si fue un alza generalizada en sus productos o se concentró en la Big Mac).

Una posible explicación, proporcionada por una alumna de mi curso de MBA, es le de que, dada la revaluación, la filial en Colombia se estaría quedando corta en lograr el cumplimiento de sus presupuestos de ventas y utilidades, que normalmente se calculan en dólares. Al revaluarse la moneda, los ingresos en dólares caen. Para aproximarse al cumplimiento de los presupuestos no habría mas remedio que subir los preciso Pero la reacción de la empresa suscita interrogantes. El índice Big Mac supone que el precio está relacionado con los costos de producción, en la medida en que esperaríamos que la comida rápida se comportara como un mercado de competencia perfecta. Esto quiere decir que si una empresa decide aumentar autónomamente los precios, con el propósito de mejorar sus márgenes, la abundancia de bienes sustitutos (Presto, El Corral, etc para el caso analizado), le haría perder participación en el mercado. Si Mac Donald’s Colombia puede mejorar sus indicadores simplemente aumentando sus precios, los supuestos sobre los que se basó la revista The Economist para escoger esta mercancía como emblema de la teoría de la paridad del poder de compra no podrían aplicarse. Quiero dejar planteada esta paradoja, y que los lectores sugieran sus hipótesis sobre ella.

El hecho es que la tasa implícita en el mes de Noviembre es de $2297, frente a una tasa representativa del mercado de $1974,50. Quiere ello decir que el peso está sobrevalorado en un 14%. Deberíamos entonces normalmente esperar una devaluación de ese monto. El problema es que no es posible saber cuándo se produzca.

Por otra parte, en el mes de Agosto pasado la Unión de Bancos Suizos publicó
su informe sobre precios e ingresos correspondiente al año 2009. Uno de los indicadores que utiliza esta publicación para medir el comportamiento de los precios y de los salarios en diferentes ciudades del mundo es precisamente el derivado de hacerse la pregunta: ¿Cuántos minutos necesita un trabajador promedio en cada ciudad para ganar lo suficiente para adquirir una hamburguesa Big Mac? Las respuestas para algunas de estas ciudades están en el cuadro adjunto, conjuntamente con los datos obtenidos en los años 2006 y 2003.




Como se ve, dados los salarios y precios en Colombia, un trabajador bogotano necesita trabajar 58 minutos para ganar los ingresos que le permitan adquirir una Big Mac, cuatro veces más que alguien de Nueva York, cinco veces más que su colega de Tokio, y dos veces más que el de Madrid.

En los anteriores informes de UBS, Bogotá se situaba entre las ciudades en las cuales esa mercancía era más inalcanzable para los trabajadores: se necesitaba más de noventa minutos de trabajo para adquirirla. Dos hechos se han producido en Colombia. En el 2003 el salario neto (es decir sin tener en cuenta los impuestos a la nónima y las contribuciones a la seguridad social) por hora, calculado por UBS, era en Bogotá de US1,90, y pasó a ser de US3,40 en el 2009 ( es decir, un incremento del 80%). Según mis cálculos, un 52% de ese incremento puede explicarse por la revaluación del peso (que aumenta el valor en dólares del salario) que fue entre mediados de 2003 y del 2009 de un 23%. El otro 47% debería poder explicarse por el incremento en los salarios reales entre la muestra de profesiones seleccionada por UBS.

Como lo reconocen sus autores1 , los datos de UBS no pretender ser representativos de los salarios de un país. Su tabla de ingresos y salarios cubre 14 profesiones en total, y el objetivo es lograr esa comparación entre profesiones formales (gerentes, ingenieros, operadores de sistemas, etc) alrededor del mundo.

Ello me ha llevado a proponer un indicador distinto: cuántos minutos necesita un trabajador colombiano que gane el salario mínimo para comprar una Big Mac? En el año 2006, el salario mínimo por minuto era de $28,30 y el precio de la hamburguesa era de $6900 (este último dato lo tomo de registros personales). Es decir, se necesitaban 243 minutos de trabajo. Hoy en día, con un salario por minuto de $34,50 se necesitan 237 minutos, es decir cuatro veces màs que el "trabajador típico" bogotano reportado por el informe de la UBS. Ahora bien, en términos de la capacidad adquisitiva de hamburguesas Big Mac, la mejora del salario real para una persona que gane el mínimo, ha sido en Colombia del 2,4% en esos años.

1- UBS. Prices and earnings, 2009. A comparison of purchasing power around the globe. Pag 26.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Respuesta a la Ministra de Comunicaciones sobre el costo de las TIC

Transcribo a continuación la respuesta que le he enviado a la Ministra de Comunicaciones, a propósito de mi columna publicada en el diario el Tiempo el pasado 3 de Noviembre. Esta columna resumió algunos de los planteamientos que hice en mi entrada del 10 de Octubre de este blog.

A continuación, la carta enviada



Bogotá, 14 de Noviembre de 2009

Doctora
MARIA DEL ROSARIO GUERRA DE MESA
Ministra de Tecnologías de Información y Telecomunicaciones
Ministerio de Comunicaciones
Bogotá.


Apreciada Ministra:

Me refiero a su carta del pasado 5 de Noviembre, motivada por mi columna “El Alto costo de las TIC en Colombia”, publicada en el diario EL TIEMPO el pasado 3 de Noviembre. Me voy a referir a continuación a cada una de las observaciones planteadas en su comunicación.

Indicador del subíndice “Acceso a TIC”.

Es cierto que en el informe 2009 del índice de desarrollo de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC), el dato de suscriptores de Internet por cada 100 habitantes correspondiente a Colombia está en blanco 1. Sin embargo, no es correcto afirmar que la UIT haya utilizado el mismo indicador de penetración del año 2003, dejando a Colombia con una proporción de hogares con Internet del 5,6%. El informe de la UIT en su anexo metodológico señala la manera como se estiman los datos faltantes y utiliza como ejemplo precisamente la información sobre “porcentajes de usuarios de Internet” , que nos indica la manera en que debió proceder la UIT para llenar el dato faltante en el caso de Colombia. Dice el informe:

Dado que el acceso y utilización de las TIC están correlacionados con el ingreso nacional, se escogió el método de imputación “hot deck” para estimar los datos faltantes. La imputación “hot deck” utiliza datos de países con características “similares”. El PIB per capita y la localización geográfica fueron utilizados como los criterios principales para identificar países con características simulares. Por ejemplo, los datos faltantes del país A fueron estimados para un cierto indicador identificando los países que tuvieran características similares de PIB per cápita y que fueran de la misma región. En seguida se consideró el indicador que tuviera una relación conocida con el indicador a ser calculado. Por ejemplo, el número de usuarios de Internet del país A se estimó utilizando los datos de usuarios de Internet del país B de la misma región, país que debería tener un nivel de PIB per capita y número de suscriptores de Internet similares. La misma lógica se aplicó para estimar todos los datos faltantes incluidos en el índice. 2

Desafortunadamente, el informe de la UIT no señala cuál o cuáles fueron los países utilizados para calcular el dato faltante de Colombia de “usuarios por Internet”. Lo que es claro, es que sí se ajustaron los datos faltantes. No podría en sana lógica atribuirse el descenso del país en la clasificación a que la UIT haya tomado simplemente el dato correspondiente al año 2002.

Cambio de metodología en el cálculo de los índices de desarrollo tecnológico.

Me refiero en seguida al problema del cambio de la metodología. En el año 2003, la UIT desarrolló el “Índice de Acceso Digital”, en el cual Colombia ocupó el puesto 79 entre 178 países. Entre los ocho indicadores seleccionados, estaba el de “tarifa de Internet con relación al ingreso per cápita”. Posteriormente, en el año 2005, la misma organización desarrolló el “Indice de Oportunidad Digital”, en el cual también incluyó datos de precios de las TIC, para reflejar la facilidad de acceso. Entre los indicadores utilizados figuraban la tarifa de telefonía celular y la tarifa de acceso a Internet, ambos como porcentaje del ingreso per capita. En los datos correspondientes a 2005-2006, publicados en 2007, Colombia ocupó el puesto 80 entre 181 países, por debajo de Chile (41), Argentina (54), Uruguay (63), Brasil (65), México (66), Costa Rica (74), y Venezuela (76), aun cuando por encima de República Dominicana (85), Panamá (89), El Salvador (95), Perú (96), Ecuador (97) y Guatemala (108).

En el corriente año la UIT publicó el Índice de Desarrollo de TIC, al cual me referí en mi columna. Dicha organización internacional optó por eliminar el componente de precios de las TIC, por varias razones que usted cita en su comunicación. Decidió además recalcular ese índice para el año 2002, con los datos disponibles. El resultado es que Colombia quedó escalafonada en el año 2002 en el puesto 72 y en el año 2007 en el puesto 70. Reconozco que me equivoqué al haber afirmado que dicho avance podía deberse a la no presencia del componente precios, porque el índice para ambos años se construyó sobre bases comparables. Lo anterior no invalida el hecho de que si se hubiera tenido en cuenta el precio de las TIC en Colombia, nuestra clasificación hubiera sido inferior. Paso a referirme a ese punto.

Evolución de precios de TIC.

El mismo informe citado publica los datos sobre la canasta de precios de TIC para el año 2008 y clasifica a los países según el valor de dicha canasta. 3 Colombia ocupa el puesto 85, con el criterio utilizado por la UIT de medir el precio de los diferentes componentes del índice con relación al PIB per capita. Este criterio es mucho más preciso como indicador que el valor de cada componente, sea medido a tasas de cambio de mercado o a tasas de cambio de poder adquisitivo. En el componente de telefonía fija el puesto de Colombia fue el 77, en el de telefonía celular fue el 87, y en el de banda ancha fue 86. Es claro, con estos indicadores, que si el Índice de Desarrollo de las TIC hubiera tenido en cuenta el criterio costo de la canasta TIC, la clasificación de Colombia hubiera sido inferior.

Para evitar las limitaciones que tendría utilizar simplemente el valor de la canasta de TIC, tanto a tasas de cambio de mercado como de paridad del poder de compra, la UIT decidió clasificar los países según el valor de la canasta total de TIC, así como de cada una de las subcanastas que componen el índice general. La clasificación se hizo teniendo en cuenta la proporción del ingreso nacional per capita, para determinar el costo relativo (o asequibilidad) de los servicios TIC en un país 4. Se trata de medir la proporción de su ingreso que un ciudadano promedio debería destinar a la adquisición de una canasta típica (definida por la propia UIT) de servicios asociados a las TIC.

Tiene usted razón en que la manera como presenté los datos de mi columna pudieran interpretarse como una comparación en valores absolutos. La comparación relevante debe hacerse con relación a la capacidad adquisitiva de la población. La frase correcta ha debido ser: “con relación a la proporción del ingreso per capita, el costo para un colombiano de una llamada de teléfono fijo es seis superior a la de un residente en los Estados Unidos, una de telefonía móvil 9 veces superior, y una conexión de banca ancha es 33 veces superior”.

En relación con el comportamiento de los precios de las TIC, la tendencia mundial apunta hacia una disminución en todos ellos, motivada por los avances tecnológicos y por la mayor competencia. Es cierto, como usted lo señala, que la inflación sectorial en Colombia bajó del 9,2% promedio anual entre el 2002 y el 2005, al 0,8% promedio anual entre el 2005 y el 2008. Sin embargo, tomando los mismos años como referencia, en el mismo período en Estados Unidos se presentó una caída en el índice de precios (es decir, hubo deflación y no inflación) en los servicios de información y procesamiento de información, del 3% anual entre 2002 y 2005, y del 0,1% anual entre 2005 y 2008. 5. Como resultado, los precios de estos servicios eran al final del 2008 inferiores en un 9% a los de 2002. Mientras tanto en Colombia, utilizando los datos de inflación sectorial proporcionados en su respuesta, los precios de estos servicios se habrían incrementado en un 34%. Además de lo anterior, en el mismo período se había presentado una revaluación nominal del peso colombiano del 33%, que supuestamente ha debido abaratar el precio de los equipos importados, componente importante en los costos de las empresas prestadoras de estos servicios. En condiciones de amplia competencia, esta reducción en costos se ha debido reflejar en un menor precio para los consumidores.

Los costos de los servicios de TIC sí se tienen en cuenta en el Índice de Conectividad (NRI) al cual usted hace referencia en su comunicación. Si bien es cierto que Colombia en el último cálculo pasó del puesto 64 al 69, también lo es que en el informe correspondiente al año 2002 estábamos en el puesto 57. Puede argumentarse que ahora el Foro Económico Mundial tiene en cuenta una lista más grande de países, pero ello no explica el descenso: los países recién vinculados al informe son en general de bajo desarrollo económico y por lo tanto están clasificados en los puestos de abajo de la tabla.

Otros indicadores de los costos relativos de las TIC para el consumidor se encuentran, como usted muy bien lo señala, en el componente individual del Índice de conectividad (NRI) publicado por el Foro Económico Mundial. En el cuadro adjunto incluyo la clasificación de Colombia en estos indicadores de costo, desde el informe 2006-2007, cuando ellos fueron publicados por primera vez. Si bien hemos progresado en los costos, tanto de conexión como de suscripción de la telefonía fija, no se ha presentado la misma situación para banda ancha.



Entorno competitivo de provisión de servicios de TIC

El propio Plan Nacional de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, documento oficial del Ministerio de Comunicaciones, señalaba, refiriéndose al componente de tecnología del índice de Competitividad para el Crecimiento, producido por el Foro Económico Mundial, lo siguiente:

“La situación es crítica en el índice de tecnología que forma parte del GCI. Colombia ha descendido 18 posiciones desde el 2001 hasta el 2005. En tan sólo dos años (2003 al 2005) perdió 15 puestos en el ranking de tecnología. La disminución en el componente de tecnología no ha permitido un incremento significativo en el índice de GCI, dado que los otros dos componentes han mejorado” . 6

Es indudable que el país, y el despacho a su cargo, han realizado esfuerzos para buscar una mejora en nuestra competitividad en este terreno. Ese esfuerzo debe ser complementado por el de otras entidades oficiales de las cuales depende la generación de un entorno realmente competitivo para el sector, como la Comisión Nacional de Televisión y la Superintendencia de Industria y Comercio. Desafortunadamente, la concentración que se ha presentado en el mercado de televisión por suscripción, y sus consecuencias en el de banda ancha, ha sido autorizada por la primera entidad. Todavía no es claro si algunas de las adquisiciones que permitieron esa concentración van a ser revertidas por la segunda.

Quiero, finalmente, volver a citar el Plan Nacional de Tecnologías de Información, producido por su despacho, al mencionar los resultados del índice e-readiness, mencionado por usted en su carta:

A pesar de haber mejorado su calificación en el último período, la Gráfica 2.4 muestra que desde el 2002 hasta el 2007, Colombia ha descendido en la tabla de posiciones: del puesto 38 pasó al 53 entre 65 países, lo cual significa que, si bien ha tenido logros en los aspectos relacionados con el e-readiness, los demás países avanzan más rápido. 7

Sea esta la oportunidad, señora Ministra, de manifestarle que la intención de mi columna no ha sido otra que la de contribuir a ese gran debate que el país necesita sobre nuestra actual situación en materia de tecnologías de información y sobre las mejores maneras de superarla.

Reciba un cordial saludo,



Francisco Azuero
Profesor Asociado
Facultad de Administración
Universidad de los Andes

1-ITU. Measuring the information society, 2009., Anexo 4, pag 91
2- ITU. Measuring the information society, 2009. Anexo 1 pag 80. Traducción mía.
3- ITU. 2009, Measuring the Information Society, The ICT Development Index. Pag 57.
4- Idem, pag 52
5- Datos tomados del
US Department of Labor.

6- Ministerio de Comunicaciones, Plan Nacional de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones: Bogotá, 2008. Pag 16.
7-Idem, pag 17.

Carta de la Ministra de Comunicaciones sobre el costo de las TIC en Colombia

Transcribo en esta entrada la carta que me envió la Ministra de Comunicaciones, María del Rosario Guerra de Mesa, a propósito de mi columna "El alto costo de las TICs en Colombia", publicada en el diario El Tiempo el pasado 3 de Noviembre. En la siguiente entrada está mi respuesta.



































lunes, 2 de noviembre de 2009

Contratos de estabilidad jurídica: asegurando frente a un riesgo cierto

En los contratos de estabilidad jurídica firmados a partir del mes de mayo, el Gobierno está garantizando algo que no está en posibilidad de garantizar. El resultada es una rebaja selectiva de impuestos a unos cuantos contribuyentes afortunados.



El peor negocio que puede hacer una compañía de seguros es asegurar frente a un riesgo inminente, que ha dejado de ser riesgo para convertirse en certeza: ejemplo de ello podría ser otorgarle una póliza de cumplimiento a un contratista que ya está atrasado en el desarrollo de su obra; darle póliza de estabilidad a una obra inestable; otorgarles un seguro de vida a un paciente terminal. Sin embargo, el Estado, en el manejo de los contratos de estabilidad jurídica, está comportándose como esa utópica compañía de seguros irresponsable con sus accionistas (en este caso la gran mayoría de contribuyentes), que asegura desastres anunciados.

Los contratos de estabilidad jurídica, a los que me he referido en varias ocasiones en este blog, tienen supuestamente el propósito de proteger al inversionista frente a cambios imprevistos en la normatividad tributaria, que afecten de manera importante la rentabilidad de su negocio, a cambio del pago de una prima (que se calcula en proporción a la inversión prometida, lo cual ya de por sí genera un incentivo perverso a minimizar la inversión, pero ese es otro tema).

El Presidente de la República anunció, en su discurso del pasado 8 de Mayo con motivo de los 100 años de la Escuela Superior de Guerra, que, “una vez terminen de ejecutarse los recursos extraordinarios introducidos por la reforma que liderara el Ministrio de Defensa en 2006 (léase impuesto al patrimonio), habría que pensar en tener una renta permanente para seguir financiando la seguridad”.

Estaba anunciado entonces el riesgo. El 16 de Junio el Ministro de Hacienda anunció al país (ver noticia de El Tiempo), que “una manera de ayudar a aliviar el hueco fiscal es que el impuesto al patrimonio, creado en la Administración Uribe como temporal, pase a ser permanente”.

Ya el 20 de Julio el Gobierno Nacional presentó el proyecto de ley en el que se prorroga la vigencia del impuesto al patrimonio hasta el 2014, para patrimonios por valor o superior a $3.000 millones. Así mismo, establece el proyecto (art 7) que el impuesto al patrimonio “en ningún caso podrá ser objeto de los contratos de estabilidad jurídica a que se refiere la Ley 963 de 2005”.
El proyecto está en estos momentos en discusión en el Congreso.

Se trataba entonces de un riesgo anunciado. Sin embargo, con posterioridad al anuncio de Mayo del Presidente, se han firmado 7 contratos de estabilidad jurídica (ver aquí) y en seis de ellos se incluye, dentro de las normas que protegen al inversionista, y cuya modificación no se les aplicaría, el artículo 292 del Estatuto Tributario, que establece precisamente que la vigencia del impuesto al patrimonio es hasta el año 2010.

Un contrato de ellos ( el correspondiente a Laboratorios Baxter) se firmó el 17 de Junio, al día siguiente en que el Ministro de Hacienda hizo su anuncio. Otros fueron firmados el 19 de Junio.

Dada la altísima probabilidad de que se apruebe el proyecto de Ley presentado por el gobierno, surge una pregunta: garantizar mediante contrato, algo que no se está en posibilidad de garantizar, y renunciar por lo tanto conscientemente a recibir unos mayores impuestos, ¿equivale o no a regalar recursos públicos? Bueno, dados los antecedentes recientes (AIS) es posible que algunos vean que no hay nada de grave en eso, con tal de estimular la inversión. Mi personal opinión es que sí es muy grave.